
Date prisa, hombre, mira qué hora es. Ahí están los ascensores. Sí, ya sé que está en la planta primera, lo que no recuerdo ahora es en qué sala. ¿Estás seguro de que está en la siete? A mí me suena más la cuatro. Mira, ahí está la sala siete, vamos. Y sobre todo, no olvides que un gesto de afecto vale más que mil palabras. Por cierto, ¿sabes cómo se llamaba el muerto? Ah, Luis, vale. ¿Y era muy mayor, el hombre? Por Dios, ciento cuatro años, qué barbaridad. Mala hierba, fijo, lo más probable es que no haya hecho otra cosa que joder al prójimo a base de bien. Que si Dios ha tardado tanto tiempo en guiñarle el ojo es porque no le querría a su lado. Bueno, hombre, no te pongas así, que ya sé que era el padre de tu mejor amigo. Pero una vez oí decir que era un miserable de cuidado, de los que no daban una limosna ni a punta de pistola. Y ahora cállate y déjame a mí. Verás, verás qué bien lloro...
Ay, señora, qué pérdida tan lamentable, no sabe usted cómo lo sentimos. Pues no, señora, no, aunque no tuvimos la ocasión de conocer en vida a su difunto esposo, nos hablaron muy bien de él. Mi marido, aquí presente, es un buen amigo de su hijo. Fueron juntos a la Universidad. ¿Qué dice de Polonia?. No, no, en España, señora, estudiaron en Barcelona. Mi marido no ha estado nunca en Polonia, de hecho, no sale del barrio. Y ahora, si me disculpa un minuto, señora, que no sé qué intenta decirme mi esposo.
Oye, ¿qué hacías, ahí, detrás de mí, dándome pellizcos en el brazo? Qué maleducado. Venga, dime de una vez qué querías. ¿Cómo dices? Ay, Dios, yo te mato. ¿Me estás diciendo que nos hemos equivocado de sala? ¡Serás bobo! Ya te dije en el ascensor que era la sala cuatro y no la siete, pero tú, erre que erre. Y ahora qué le digo yo a esta pobre mujer ¿eh?. Anda, vámonos. Necesito que me dé el aire. ¿Cómo dices? ¿Me estás pidiendo que te acompañe a la sala cuatro? Te diré lo que voy a hacer como no te calles. Voy a alquilar una sala con tu nombre en oro para que no se pierdan los que vengan a velarte. Y no me hables, ¿eh?, no me hables durante los próximos cien años.
Aniki


