martes, 19 de febrero de 2013

Muero




Muero a paso lento...
Muero cuando te miro distraídamente,
como quien mira una fuente
que ya no mana.
Muero por no serle infiel
a las horas marchitas,
al puro regalo de una caricia rota
que tú ves como entera.
Muero sola, sin lógica,
sin ataduras,
sin apenas darme cuenta
que el tiempo ha roto el compás,
la precisa armonía
y el círculo perfecto que nos unía.
Muero sin quererlo,
mientras tú vas yéndote,
despacio,
invidente ante mis ojos,
siempre de paso,
como un libro abierto al alba.



Aniquiladora.
 





 

martes, 12 de febrero de 2013

Soliloquio



No me estás escuchando, ¿verdad? Te estoy diciendo que hagas el favor de levantar el pie del acelerador. Me estás poniendo de los nervios. Tendrías que haberle dicho a tu jefe que no podríamos asistir a la boda de la ñoña de su hija. Podríamos haberle mandado un regalito por correo, ¿no? Mira que hay sitios bonitos para casarse en Barcelona. Pero, no, la muy zorra nos está llevando por más de doscientos quilómetros de curvas que se marea hasta el motor. Menuda excursión mortífera. ¿Que por qué la insulto? Porque tengo vértigo y mal de altura, ya lo sabes. Y me da que la voy a palmar si no frenas. Ya me empieza a faltar el aire. Oye, ¿a qué vienen esas risas? Yo no le encuentro la gracia. Sí, sí, ya sé que hay quien revive con la respiración artificial. Pero a mí no me gustaría que me devolvieran la vida con el boca a boca, hay gente muy puerca que no ha visto un cepillo de dientes en su vida, y algo debe de pegarse, igual que cuando te mudan la sangre. Cuando sales del hospital ya no sabes quién eres. Y toda la vida en deuda con el que te resopló en los pulmones. Quita, quita. Además, que siempre te señalarán: Mira, por ahí va la muerta. Qué bonito, ¿verdad? ¿Que si le temo a la muerte? Pues claro que sí, no te joroba. Aunque cada vez menos, sinceramente. Hoy en día ya sabes cómo va a ser el entierro, lo que escribirán en la página necrológica cuando la diñes, lo que va a costar la esquela, y el funeral, y más o menos hasta sabes cómo va a ser la luz de esa tarde en el cementerio, tranquilos los cipreses, alguno que otro amigo entristecido, los que te quisieron bien con su pena a rastras, y los demás... Poniéndote a parir. Y volverá a amanecer, y volverá a haber barullo en las calles, y yo me volveré a casar, y todo seguirá más o menos igual. Eso sí, echaré de menos tus manías, tus gestos, tu reírte de todo y tu enfadarte por nada, tu quedarte pasmado frente al televisor. Y al llegar la noche, me desnudaré tranquila, sonriendo, eso sí, sonriendo, los papeles de la herencia en la mesita... ¿Por qué me miras así? Ah, sí, perdóname, cari, no me daba cuenta de que estabas ahí, estaba hablando sola, bueno, me pasa con frecuencia cuando no me escuchan...
  

lunes, 11 de febrero de 2013

Carta a un poeta



Quisiera desgarrar la niebla dolorosa
en que habitas.
Sembrar de deseo este paisaje lleno de hielo,
y verlo deshacerse en el mar.

¿Pero en qué región desierta y sin brisa
estaré enfriándome yo
cuando tu sombra al fin se ilumine?

¿Y en qué orilla te hallarás tú hilvanando
los ayeres en los que ya nada sucede,
mientras tu hueco se va llenando con algo,
con el sentir de otros?

Es ahora, cuando pesan los párpados
y estalla de latidos el pecho,
y la cabeza no distingue entre verdad,
sueño o delirio,
cuando hay que aferrarse al timón del viento
y dejarse llevar en silencio.


Aniquiladora.