martes, 24 de agosto de 2010

Un día gris



Date prisa, hombre, mira qué hora es. Ahí están los ascensores. Sí, ya sé que está en la planta primera, lo que no recuerdo ahora es en qué sala. ¿Estás seguro de que está en la siete? A mí me suena más la cuatro. Mira, ahí está la sala siete, vamos. Y sobre todo, no olvides que un gesto de afecto vale más que mil palabras. Por cierto, ¿sabes cómo se llamaba el muerto? Ah, Luis, vale. ¿Y era muy mayor, el hombre? Por Dios, ciento cuatro años, qué barbaridad. Mala hierba, fijo, lo más probable es que no haya hecho otra cosa que joder al prójimo a base de bien. Que si Dios ha tardado tanto tiempo en guiñarle el ojo es porque no le querría a su lado. Bueno, hombre, no te pongas así, que ya sé que era el padre de tu mejor amigo. Pero una vez oí decir que era un miserable de cuidado, de los que no daban una limosna ni a punta de pistola. Y ahora cállate y déjame a mí. Verás, verás qué bien lloro...

Ay, señora, qué pérdida tan lamentable, no sabe usted cómo lo sentimos. Pues no, señora, no, aunque no tuvimos la ocasión de conocer en vida a su difunto esposo, nos hablaron muy bien de él. Mi marido, aquí presente, es un buen amigo de su hijo. Fueron juntos a la Universidad. ¿Qué dice de Polonia?. No, no, en España, señora, estudiaron en Barcelona. Mi marido no ha estado nunca en Polonia, de hecho, no sale del barrio. Y ahora, si me disculpa un minuto, señora, que no sé qué intenta decirme mi esposo.

Oye, ¿qué hacías, ahí, detrás de mí, dándome pellizcos en el brazo? Qué maleducado. Venga, dime de una vez qué querías. ¿Cómo dices? Ay, Dios, yo te mato. ¿Me estás diciendo que nos hemos equivocado de sala? ¡Serás bobo! Ya te dije en el ascensor que era la sala cuatro y no la siete, pero tú, erre que erre. Y ahora qué le digo yo a esta pobre mujer ¿eh?. Anda, vámonos. Necesito que me dé el aire. ¿Cómo dices? ¿Me estás pidiendo que te acompañe a la sala cuatro? Te diré lo que voy a hacer como no te calles. Voy a alquilar una sala con tu nombre en oro para que no se pierdan los que vengan a velarte. Y no me hables, ¿eh?, no me hables durante los próximos cien años.

Aniki

viernes, 20 de agosto de 2010

Culpa


Hoy pensaba en ti
y en aquella fría tarde de invierno,
en cómo el cielo se cubrió de un gris presagio, llovía,
llovía tras los cristales de aquel solitario café.

Y ahí estabas tú, una sombra herida,
sin tiempo ni memoria,
desollando horas entre el humo y el tequila.

Y ahí estaba yo, testigo casual de una triste letanía,
de un llanto enamorado, y llovía,
llovía en la mirada de aquel que veía pasar los días
en soledad y melancolía.

Y entonces supe que ella no vendría,
que nada ni nadie borraría el luto de tus ojos
y sin saber por qué, me senté junto a ti, y te abracé,
te amé en silencio mientras sorbía cada gota de lluvia.

Y mientras pienso en ti
y en cómo el amor murió de madrugada,
te imagino entre humo y tequila gritando mi nombre de mujer.

Aniki

P.D. Moltes gràcies, Jordi, gràcies per animar-me a escriure aquesta poesia. Petons.

sábado, 14 de agosto de 2010

Dulce salitre

Llafranc. Costa Brava (Girona).

¿Cómo es posible que no la recuerdes? Sí, hombre, Andrea, la hermana de Alberto, el dentista. Qué lástima, tan joven, tan mona, y de la noche a la mañana, viudísima. Está destrozada. Tú, que te la mirabas con cara de hambre, no has ido a verla, ni darle el pésame siquiera. Qué poca sensibilidad tienes. Parece mentira que sigas comiendo, ahí, la cabeza gacha, la nariz en la sopa, como si nada. Pareces un pasmarote. Anda, echa más cava que hoy me apetece olvidarte. Por cierto, aún no me has dicho a dónde quieres ir de vacaciones. Que sí, hombre, no seas pelmazo, ya sé que te prometí que iríamos a donde tú quisieras. ¿A Tossa de Mar? Ni lo sueñes. Hay más de treinta kilómetros de curvas que se marea hasta el motor, con la de despeñes que hay por ahí, quita, quita. Podríamos ir a Llafranc. Hay un hotel junto al faro que tiene unas vistas de lujo. Bueno, sí, las vistas y el hotel, claro, ahí todo es de lujo. No empieces, ¿eh? No me seas rácano, hombre. ¿O tengo que recordarte quién pagó el crucero del verano pasado? Pues no se hable más, nos vamos a Llafranc. Y deja de dar chasquidos a la lengua ¿vale? Mira que está feo, eso. Ay, ahora que hablamos de cosas feas, se me olvidó decirte que sobre las doce llamó tu madre. Dijo no sé qué de comer mañana con tu primo el cojito de Sants, así le llamabais, ¿no?, el cojito, sí, y le falta más de media pierna. Aún recuerdo cómo os divertíais, tú y tus amigos, empujándole cuando iba a bajar del bus. Venga, levanta, que estás medio atontado. Ya te dije que no bebieras tanto. Hoy echaremos la siesta juntos. No, no, nada de quedarte en el sofá, tú te vienes a la cama conmigo que después de tantos años si no roncas no atrapo el sueño. Y ahora dame un beso que no hago más que pensar en la pobre Andrea. Mira que si te perdiera, así, de pronto, como de un plumazo, ay, no sé qué haría, quizá me moriría también, sí, eso haría, morirme en vida. Anda, tira para la cama que me deprimes.
Aniki

martes, 3 de agosto de 2010

Vacaciones


Siempre se hace corto el tiempo
y cuán largos el silencio y la ausencia.
Disfrutemos pues del momento,
del instante mismo.
Qué otro sentido tendría la vida
si no es darle a la vida sentido.

¡ Hasta pronto, amigos !