
Anda, elige de una vez. Ahí está la carta. Mira qué cuadros, qué vajilla, qué todo. Este sí es un buen restaurante. Tú sí que no tienes ni idea, qué vas a saber tú si no sales de la bodega del Pepe. Aquí son gente elegante. Fíjate, todo el mundo está la mar de serio, menos tú, claro, porque si no das la nota revientas. Mírate, con la servilleta en el cuello como si estuvieras en plena calçotada. Ya se lo digo a mi madre, que a ti sólo se te puede llevar a comer a la montaña, como a las bestias. Oye, deja que yo escoja por ti, que aún te veo pidiendo un pincho de tortilla. Mira, hay gazpacho. Sí, ya sé que te gusta el gazpacho, pues ya está, te pido el gazpacho y unas costillas de cordero con guarnición. Yo me pido una ensalada de cabra y la dorada. Tú sí que estás como una cabra, y cállate que viene el camarero a tomar nota. ¿Cómo se te ocurre preguntarle al camarero de qué está hecho el gazpacho? Claro que hecho aquí, en Cataluña, no te vayas a creer que lo acaban de traer de un pueblo de Andalucía. Mira que he estado a punto de pedirme el dichoso gazpacho, pero después de ver cómo lo sacan de ese cántaro que hay ahí. Si parece un barreño de esos para lavar pañales. A ver, pasmado, que no digo que esté malo, pero tanto tomate te dará reúma. Y el pimiento, bueno, el pimiento: ideal para las ambolias, y no para curarlas, no, todo lo contrario. Y la cebolla, es pésima para el oído, lo que te faltaba, tú que estás más sordo que un caballito de mar, que ya es decir, ¿eh? Y el pan, a trocitos, ves a saber, serán los restos que retiran de las mesas. ¿Cómo que no tienes hambre? A mí no me dejes mal, ¿eh? Ni se te ocurra dejar la comida. Anda, come y déjame en paz. Aniki
