lunes, 20 de mayo de 2013

Amar no es tarea fácil






Sedienta de ternura y repleta de furia,
a orillas de un pozo
dejé un amor sin despedida.
A cambio me quedó el dolor de estar viva,
que no es poco.
 
 
 
Aniquiladora.

domingo, 12 de mayo de 2013

¿Qué queremos las mujeres?




Para demostrarme su amor,
él escaló la montaña más escarpada,
buceó en el océano más profundo
y cruzó de cabo a rabo
el desierto más ancho del mundo.

Yo decidí abandonarle
porque nunca estaba en casa.


AYER





















Qué lástima saberte al dorso
de un viejo retrato
donde todavía se columpian las alegrías.



Aniquiladora.


lunes, 8 de abril de 2013

LA CASA ENCENDIDA

 



Escribo sin luz,
sin ojos,
sin apenas darme cuenta
de que la noche se llenó de estrellas.
-No quiero verlas-
Escribo como escribe
el invidente:
palpando el hueco que dejó tu huida
con más fuego en el alma
que en la mirada.
-Tú eres la íntima luz que alumbra
cada estancia-
Escribo tu nombre
sobre las paredes desnudas,
sobre las acequias,
y sobre el vaho de las ventanas.
-Tu nombre es un trazo mutilado
en una ruta de aire-
Te escribo a pesar del cansancio,
el desánimo
y el dolor de saber que las tiernas brasas
también se apagan.
-Enciendo una pira
para el olvido-.


Aniquiladora.

 

martes, 26 de marzo de 2013

A GOLPE DE MAR




Escucha cómo me cala tu silencio
cuando viene armado de furiosas tempestades.
Divino silencio que conspira
a mis espaldas
a golpe de viento y mar.
Siente ahora cómo se quiebra el aire
de suspiros
y cómo se debilitan el orgullo y la vanidad
de mi alma mortal
ante tu inmensa y humilde generosidad.
¿Será por el reconfortante canto
de tu solitario amanecer
o por las calmas olas de tu inmutable atardecer
que mi corazón enmudece?
¿Será porque he perdido el timón
y las estrellas
que vengo a reconciliarme
con la espinosa certeza de mi intrascendencia?
La certeza de no ser más que un parpadeo inmemorial
que oscila entre la oscuridad de la noche
y la negrura del día.


Aniquiladora.



lunes, 11 de marzo de 2013

Tiemblo



Tiemblo cuando nuevos vientos
sacuden las puertas de un silencio
curtido de adioses.
Son tantos ya los sueños arrojados
sobre el gran ataúd
y tantos los rostros que no amanecieron,
que tiemblo sólo de pensar
que no existe otra realidad que ésta.
 
 
Aniquiladora

martes, 19 de febrero de 2013

Muero




Muero a paso lento...
Muero cuando te miro distraídamente,
como quien mira una fuente
que ya no mana.
Muero por no serle infiel
a las horas marchitas,
al puro regalo de una caricia rota
que tú ves como entera.
Muero sola, sin lógica,
sin ataduras,
sin apenas darme cuenta
que el tiempo ha roto el compás,
la precisa armonía
y el círculo perfecto que nos unía.
Muero sin quererlo,
mientras tú vas yéndote,
despacio,
invidente ante mis ojos,
siempre de paso,
como un libro abierto al alba.



Aniquiladora.
 





 

martes, 12 de febrero de 2013

Soliloquio



No me estás escuchando, ¿verdad? Te estoy diciendo que hagas el favor de levantar el pie del acelerador. Me estás poniendo de los nervios. Tendrías que haberle dicho a tu jefe que no podríamos asistir a la boda de la ñoña de su hija. Podríamos haberle mandado un regalito por correo, ¿no? Mira que hay sitios bonitos para casarse en Barcelona. Pero, no, la muy zorra nos está llevando por más de doscientos quilómetros de curvas que se marea hasta el motor. Menuda excursión mortífera. ¿Que por qué la insulto? Porque tengo vértigo y mal de altura, ya lo sabes. Y me da que la voy a palmar si no frenas. Ya me empieza a faltar el aire. Oye, ¿a qué vienen esas risas? Yo no le encuentro la gracia. Sí, sí, ya sé que hay quien revive con la respiración artificial. Pero a mí no me gustaría que me devolvieran la vida con el boca a boca, hay gente muy puerca que no ha visto un cepillo de dientes en su vida, y algo debe de pegarse, igual que cuando te mudan la sangre. Cuando sales del hospital ya no sabes quién eres. Y toda la vida en deuda con el que te resopló en los pulmones. Quita, quita. Además, que siempre te señalarán: Mira, por ahí va la muerta. Qué bonito, ¿verdad? ¿Que si le temo a la muerte? Pues claro que sí, no te joroba. Aunque cada vez menos, sinceramente. Hoy en día ya sabes cómo va a ser el entierro, lo que escribirán en la página necrológica cuando la diñes, lo que va a costar la esquela, y el funeral, y más o menos hasta sabes cómo va a ser la luz de esa tarde en el cementerio, tranquilos los cipreses, alguno que otro amigo entristecido, los que te quisieron bien con su pena a rastras, y los demás... Poniéndote a parir. Y volverá a amanecer, y volverá a haber barullo en las calles, y yo me volveré a casar, y todo seguirá más o menos igual. Eso sí, echaré de menos tus manías, tus gestos, tu reírte de todo y tu enfadarte por nada, tu quedarte pasmado frente al televisor. Y al llegar la noche, me desnudaré tranquila, sonriendo, eso sí, sonriendo, los papeles de la herencia en la mesita... ¿Por qué me miras así? Ah, sí, perdóname, cari, no me daba cuenta de que estabas ahí, estaba hablando sola, bueno, me pasa con frecuencia cuando no me escuchan...