
No me estás escuchando, ¿verdad? Te estoy diciendo que hagas el favor de levantar el pie del acelerador. Me estás poniendo de los nervios. Tendrías que haberle dicho a tu jefe que no podríamos asistir a la boda de la ñoña de su hija. Podríamos haberle mandado un regalito por correo, ¿no? Mira que hay sitios bonitos para casarse en Barcelona. Pero, no, la muy zorra nos está llevando por más de doscientos quilómetros de curvas que se marea hasta el motor. Menuda excursión mortífera. ¿Que por qué la insulto? Porque tengo vértigo y mal de altura, ya lo sabes. Y me da que la voy a palmar si no frenas. Ya me empieza a faltar el aire. Oye, ¿a qué vienen esas risas? Yo no le encuentro la gracia. Sí, sí, ya sé que hay quien revive con la respiración artificial. Pero a mí no me gustaría que me devolvieran la vida con el boca a boca, hay gente muy puerca que no ha visto un cepillo de dientes en su vida, y algo debe de pegarse, igual que cuando te mudan la sangre. Cuando sales del hospital ya no sabes quién eres. Y toda la vida en deuda con el que te resopló en los pulmones. Quita, quita. Además, que siempre te señalarán: Mira, por ahí va la muerta. Qué bonito, ¿verdad? ¿Que si le temo a la muerte? Pues claro que sí, no te joroba. Aunque cada vez menos, sinceramente. Hoy en día ya sabes cómo va a ser el entierro, lo que escribirán en la página necrológica cuando la diñes, lo que va a costar la esquela, y el funeral, y más o menos hasta sabes cómo va a ser la luz de esa tarde en el cementerio, tranquilos los cipreses, alguno que otro amigo entristecido, los que te quisieron bien con su pena a rastras, y los demás... Poniéndote a parir. Y volverá a amanecer, y volverá a haber barullo en las calles, y yo me volveré a casar, y todo seguirá más o menos igual. Eso sí, echaré de menos tus manías, tus gestos, tu reírte de todo y tu enfadarte por nada, tu quedarte pasmado frente al televisor. Y al llegar la noche, me desnudaré tranquila, sonriendo, eso sí, sonriendo, los papeles de la herencia en la mesita... ¿Por qué me miras así? Ah, sí, perdóname, cari, no me daba cuenta de que estabas ahí, estaba hablando sola, bueno, me pasa con frecuencia cuando no me escuchan...